
La Poesía de la Vida
Vivimos tiempos difíciles. Tal cual como cualquier otro ser humano de la historia universal, podemos decir: vivimos en tiempos difíciles. Guerras, hambre, enfermedades, crisis económicas y sociales. Estamos tan involucrados en situaciones de dolor, de tristezas y sufrimiento que nos acostumbramos a ver y vivir una vida sin color, sin sabor y sin esperanza.
El problema es que no siempre hemos observado la vida correctamente. Nos hemos concentrado en las malas noticias y no contemplamos toda la dimensión de lo que es la vida realmente.
Cuando miramos hacia los Salmos, nos encontramos personas que lograron mirar a través de las nubes grises de la vida y contemplar un cielo azul profundo, estrellas brillantes y un sol majestuoso. Ellos alcanzaron expresar la vida con colores más nítidos y vibrantes, con ternura, con pasión, con ira a veces, pero siempre con la cordura del Creador.
Ellos, por lo contrario de lo que pueda parecer, no huyeron de sus problemas. Cada uno de sus dolores y sufrimientos, sean los causados por enemigos, por circunstancias o por ellos mismos, fueron valientemente enfrentados y presentados ante la presencia del Señor. Ellos lloraron cada lágrima en la presencia de Dios, consciente de que Dios hace caso a nuestro sufrimiento, y de hecho lo hizo en la vida de ellos. Los Salmos son dramáticos e intensos, profundas declaraciones de sentimientos como confusión, miedo, envidia, rencor, dolor y muerte, pero también alegría, paz, celebración, victoria y amor; ellos son el corazón abierto del poeta, donde ningún sentimiento queda oculto. Por eso nos son tan valiosos. Los salmos nos ayudan a abrir nuestro corazón en la presencia de Dios y entregarle todos nuestros sentimientos, sean buenos o malos, vergonzosos o no. Los Salmos nos ayudan a rasgar la máscara y a ser quienes somos en realidad, a cambiar el disfraz por la cara limpia, la buena apariencia por el corazón abierto.
La vida, cuando observada por la perspectiva de Dios, nos permite ver todos los matices de la creación, nos permite sentir la sensibilidad del Creador, nos permite disfrutar del milagro de la existencia. Tenemos que aprender a abrir nuestros corazones a Dios, a permitir ser impactado por su vida, a vivir cada momento en su compañía con la misma alegría de un paseo por la playa en un día soleado. Tenemos que aprender a vivir con Dios, entregándole todos nuestros temores, descansando en su profunda paz y disfrutando cada segundo de la poesía de la vida que Dios está escribiendo.
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Mañana Empiezo la Dieta
Mañana empiezo la dieta. Esa frase es una vieja conocida nuestra de esa época del año. Juntamente con otras frases del tipo: “ese año haré ejercicios”; “ese año voy a leer más”; “voy a dedicar más tiempo a los hijos”; “voy ahorrar todo el año para las próximas vacaciones”, forma la típica promesa de inicio de año. Esperanzadamente declarada, pero tímidamente obedecida.
Esas promesas nos muestran dos cosas: primeramente, que comprendemos nuestra necesidad de cambiar en algo. Lo que es una buena señal. Pero también muestra nuestra hipocresía, porque en el fundo no estamos dispuestos a pagar por el precio que el cambio implica. En el fondo, no estamos con tantas ganas de cambiar, solamente reconocemos que si cambiáramos sería bueno. Pero muchos fallan en sus planes simplemente por no tener la capacidad de realizar su reto. A veces el objetivo está más allá de nuestras capacidades reales, lo que hace con que la promesa sea solamente un sueño utópico.
Para que podamos empezar bien nuestro nuevo año, con promesas que se puedan (y que se desean cumplir), tenemos que seguir algunos principios básicos:
1 – Parta de lo que es esencial. No se preocupe en cambiar los síntomas, piense en la causa de los problemas que enfrenta. Al cambiar la raíz, se cambiarán los frutos, es un proceso natural. La esencia de todos nuestros problemas está en pecado que llevamos adentro. Si examinamos cada uno de los puntos en que deseamos cambiar veremos que hay un pecado involucrado en la cuestión; y que al abandonar ese pecado, damos un gran paso a la solución del problema. Pero ahí necesitamos del segundo principio.
2 – No dependa de sus propias fuerzas. Y eso no por ser humilde, es simplemente por reconocer que solo, usted no puede. La valentía de las promesas del inicio del año muere cuando no miramos con sinceridad hacia nuestras capacidades. Nosotros no podemos resolver el problema de los problemas, ese, solo Cristo puede. Cuando reconocemos eso, y le confiamos nuestra existencia él nos hace libres de la influencia del pecado. Jesús dijo: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Juan 8:32). Para lograr éxito en 2009 tenemos que aprender a entregar nuestros problemas a Dios, empezando por nuestro corazón pecador.
3 – Actúe con naturalidad. Formulas bizarras de cambio, en general, no funcionan a lo largo plazo. Incorpore el cambio a su rutina. Salir a correr todos los días puede ser muy radical para quien no corre en años, por eso empiece despacio, para que el cambio sea natural y duradero. Puede empezar leyendo un capítulo de la Biblia por día, disminuyendo la grasa en la comida o haciendo un recorrido más largo hacia el trabajo, para caminar unos minutos más.
Grandes cambios empiezan con pequeñas decisiones, un largo viaje se hace con pequeños pasos. Por eso, consciente de eses tres principios, podemos empezar nuestro año diciendo con seguridad: ¡mañana empiezo la dieta!
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